¿Pedir referencias es siempre buena idea?

Antonio Montoya/ Orientación Laboral, seleccion, Sin categoría


Paula Pérez nos invita a una reflexión sobre las referencias ante un proceso de selección.

En los años que llevo como profesional de los Recursos Humanos, siempre que hablo con mis colegas sobre las referencias laborales, surgen ciertas ambigüedades. Hoy me animo a escribir sobre el tema.

La mayoría de los profesionales con los que he discutido sobre la idoneidad de las referencias laborales opinan que lo mejor es obtener reseñas de un trabajador en sus anteriores empleos.

Desde luego, siempre es una información que, para nosotros, como reclutadores y responsables de la captación de talento, resulta muy útil para nuestro trabajo y puede darnos una idea de si estamos incorporando a la empresa trabajadores que estén alineados con la filosofía que buscamos y cuyo rendimiento sea óptimo. 

En este feedback entre empresas buscamos conocer qué actitud tienen estos candidatos, cómo son en el desempeño de sus funciones, si asumen o no asumen diferentes responsabilidades, si son puntuales, conflictivos, etc…

Hasta aquí todos pensaremos que, indiscutiblemente, es una información muy valiosa que nos ayudará a ahorrar tiempo y dinero y por eso se hace imprescindible, pero… ¿nos están diciendo siempre la verdad?.

Imagino que todos habremos oído comentarios de nuestros amigos o conocidos respecto a otras personas según el juicio de valor de cada uno, y ¿cuántas veces no coincidimos con ellos porque lo que es importante para unos es insignificante para otros?.

Esto resulta inevitable en las relaciones humanas y es a esto a lo que me refiero en este artículo. Si bien es verdad, hay ciertas informaciones laborales que son totalmente objetivas y en las que no se puede entrar a valorar de manera personal, pero se plantea otra disyuntiva… ¿el colega de RRHH de la otra empresa te está diciendo toda la información, ya sea buena o mala, de este trabajador? ¿puede ser que esté omitiendo algo para favorecerle o perjudicarle? 

Y al revés ¿puede existir un interés personal por el que nos lo recomienden encarecidamente como un titán en las relaciones comerciales cuando en realidad ha sido un trabajador modesto y sin ambición?

Con esto quiero plantear, de alguna forma, un pequeño debate sobre la buena conveniencia de las referencias.

La perspectiva de Paula Perez

Personalmente, no suelo pedirlas (quizá lo hago un 10% de las veces según la responsabilidad del puesto). Para algunos colegas de profesión es un error fatal, pero para otros, que hacen como yo, es abrir una puerta a trabajadores que, por la circunstancia que sea, y casi siempre personal o por razones de ideologías, etc., se les ha cerrado injustamente, siendo mayor el riesgo de no haberles contratado. 

Os aseguro que casos de éstos me he encontrado bastantes.

Muchos de nosotros conoceremos el caso de algún amigo o compañero con un puesto de responsabilidad que decide salir de la empresa porque no se siente identificado con las políticas o ideología de la misma, o simplemente porque quiere promocionar a otra del sector. 

No sé la cantidad de veces que habré oído que darán malas referencias de esas personas cuando en realidad son excelentes trabajadores. ¿Y todo por qué, por un ataque de cuernos? ¿por un problema de orgullo porque “si no quiere estar en mi empresa no va a estar en ninguna”? 

Por desgracia he podido confirmar en varias ocasiones que ocurre así. 

Por tanto, ¿hasta qué punto podemos estar convencidos de que las referencias que pedimos son también personales y no únicamente laborales? ¿Cuántas veces nos hemos encontrado con trabajadores que han funcionado perfectamente en nuestra empresa y de los que no teníamos ninguna referencia?.

Todos merecemos oportunidades: trabajadores y empresarios. Por tanto, ¿qué nos hace realmente ahorrarnos ese tiempo y esos costes de incorporación, pedir referencias o no pedirlas?

Paula Pérez

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2 Comentarios

  1. Me ha encantado. Muy objetivo.

    1. Muchas gracias Íker, espero que haya servido de ayuda. Saludos.

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